Entradas

La capa de la Reina

Imagen
Sofía entra al Concejo con la capa que, horas más tarde, ya no iba a estar. Juan Carlos I acaba de publicar sus memorias. Se titulan Reconciliación , las escribió a cuatro manos con Laurence Debray desde Abu Dabi, y en ellas el rey emérito se reserva el derecho de contar su vida antes de que se la cuenten otros. Hay viajes, abrazos esquivados, discursos filtrados, dictadores y papas. Hay también, en el capítulo 7 "Promover una nueva España", una anécdota que él califica de "divertida". En la Argentina esa anécdota no necesita título. Se llama, desde hace casi medio siglo, "la capa de la Reina". Y la invitada que se la llevó a su casa como recuerdo se llamaba Julia Helena Sundblad de Beccar Varela. Mi abuela. El Rey no la nombra. Dice «una invitada». La prensa argentina, en cambio, sí lo hizo, primero en voz baja y después con nombre y apellido. Doña Sofía lucía aquella noche —27 de noviembre de 1978— una prenda que las crónicas porteñas recuerdan como cap...

Dios es bueno

Imagen
Lo vi por última vez en noviembre de 2022, en la quinta de mi hermana y mi cuñado, cerca de Rivas en la provincia de Buenos Aires. Un encuentro de exalumnos que tenía algo de milagro y algo de despedida. Henrique llegó desde Brasil ya muy frágil, menos de cuatro meses antes de presentarse ante su Creador. No podía sostenerse en pie. Le costaba respirar. Celebró la Misa sentado, con la casulla dorada sobre el alba, la voz todavía firme, el gesto de la mano alzándose como si el cuerpo débil no importara. Había preparado aquella homilía para nosotros. No un discurso genérico. Un sermón hecho a la medida de nuestras historias, de nuestras heridas, de lo que habíamos sido y de lo que habíamos dejado de ser. El mensaje cabía en tres palabras que, para quienes no conocieron cierta deformación de la infancia, pueden sonar baratas: Dios es bueno . Después nos sentamos juntos bajo un árbol. Él en la hamaca de lona verde y blanca, yo a su lado. La foto lo muestra con la boca entreabierta, el rost...

A distancia prudente

Imagen
En estos dos años y pico de enfermedad —esta guerra que no pedí y que, sin embargo, me ha sido dada— he hecho del Fiat voluntas tua mi lema de combate. No es consigna piadosa para colgar en la pared. Es el clavo al que me aferro cuando el suelo se mueve. Es la frase que pronuncio para no volverme loco, para no convertir cada resonancia, cada nuevo nódulo, cada fatiga inexplicable en un campo de batalla contra Dios. “Hágase tu voluntad.” No la mía. La tuya. Me he cruzado, en este tiempo, con un tipo de alma que —sin decirlo siempre con claridad— considera esta actitud una forma elegante de rendición. Casi una falta de fe. Prefieren no mirar lo que la ciencia, con su crudeza desnuda, ya ha puesto sobre la mesa. Prefieren aferrarse a la eventualidad de un milagro que habrá de llegar pase lo que pase, cueste lo que cueste. El agua de Lourdes. El aceite que mana de una imagen de la Virgen en algún rincón de Brasil. La intercesión simultánea de una docena de santos, unos canonizados y otros...

El tálamo

Imagen
En unos minutos salgo al Seidman Cancer Center acá en Cleveland a hacer una serie de tests ya que los médicos quieren ver si uno de mis tumores en el cerebro, el más grande que ya mide 10mm y se ha instalado cómodamente en mi tálamo, es tratable con radiación y podemos hacer algo a respecto.  Vivir con un tumor en el tálamo es habitar una habitación oscura en el centro mismo de la casa. No es un rincón olvidado, ni una pared lateral que uno puede ignorar. Es el núcleo. El tálamo no grita; susurra. Y lo que susurra llega a todas partes.  Allí, en ese pequeño nudo de sustancia gris, se cruzan los caminos de la sensación y del movimiento, de la alerta y del sueño. Un tumor que crece en ese sitio no invade como un ejército ruidoso. Se instala como un inquilino silencioso que, de pronto, empieza a empujar las paredes desde dentro. A veces apenas se nota: un hormigueo que no corresponde a nada, una debilidad fugaz en un brazo, una palabra que se niega a salir completa. Otras veces e...

Otro más muerde el polvo

Imagen
Era tarde en Lyndhurst. La casa en silencio. Ella dormía. Yo no. Me puse los auriculares casi por costumbre, como quien se sienta a pelear otra ronda con lo que no se va. Empezó la lista vieja de esas canciones de Queen, a las que me había introducido mi primo Tomás hace tantas décadas. Is this the real life? Sí. Era real. Las imágenes del cerebro, los puntos que no debían estar, el suelo que se abrió aquella tarde en el hospital y nunca volvió a cerrarse del todo. No era fantasía. Era el golpe. Y yo seguía aquí, con el cuerpo pesado y la cabeza a medias. Después llegó la presión. Under pressure… No hacía falta explicación. La presión de los fármacos, de la anemia, de seguir trabajando, de no dejar que el miedo se sentara a la mesa. De mirar a mi hija y seguir prometiéndome estar en su boda aunque los números del oncólogo dijeran otra cosa. Pressure. Y debajo de la pressure, la decisión seca de no ceder. El bajo entró seco: Another one bites the dust. Pensé en los tumores. Uno que se a...

El tiempo que queda

Imagen
Dicen que el tiempo no se puede comprar. Y es verdad. Ni el oro, ni el poder, ni la ciencia más avanzada logran detener su marcha. El tiempo marca el paso a todos por igual: al rico y al pobre, al fuerte y al débil, al que se cree dueño de su destino y al que ya sabe que no lo es. Incluso la naturaleza misma se somete a su ritmo inexorable. Las estaciones cambian, las hojas caen, los ríos siguen su curso hacia el mar. Nada de lo creado puede comprar un solo instante más de lo que le ha sido concedido. Con esto en mente, no puede haber regalo más valioso que el regalo del tiempo. Solo Dios puede darlo. Y Él me lo regaló cuando yo pensé que se me había acabado. En el momento en que el melanoma me empujó al borde de la tumba hace dos años, cuando el reloj parecía haberse detenido de golpe, me fue concedido este ocaso lento, este espacio inesperado para seguir caminando. Desde aquel día, el tiempo dejó de ser el río indiferente que antes dejaba correr entre los dedos. Se convirtió en un re...

El molde de hierro

Imagen
Este escrito resume, a vista de pájaro, el camino que recorrí dentro de ciertas formas —que denomino sectarias— de ver la fe y el catolicismo, y lo que ese recorrido me dejó en el alma. Me he tomado algunas libertades narrativas a la hora de escribir estas páginas, pero la esencia de lo contado responde fielmente a mi experiencia personal. Pueden leerlo haciendo click en el enlace abajo: https://drive.google.com/file/d/1qQb9VgYB4iPvz03LXJ9L7PR2O76zRFJr/view?usp=sharing