Dios es bueno
Lo vi por última vez en noviembre de 2022, en la quinta de mi hermana y mi cuñado, cerca de Rivas en la provincia de Buenos Aires. Un encuentro de exalumnos que tenía algo de milagro y algo de despedida. Henrique llegó desde Brasil ya muy frágil, menos de cuatro meses antes de presentarse ante su Creador. No podía sostenerse en pie. Le costaba respirar. Celebró la Misa sentado, con la casulla dorada sobre el alba, la voz todavía firme, el gesto de la mano alzándose como si el cuerpo débil no importara. Había preparado aquella homilía para nosotros. No un discurso genérico. Un sermón hecho a la medida de nuestras historias, de nuestras heridas, de lo que habíamos sido y de lo que habíamos dejado de ser. El mensaje cabía en tres palabras que, para quienes no conocieron cierta deformación de la infancia, pueden sonar baratas: Dios es bueno . Después nos sentamos juntos bajo un árbol. Él en la hamaca de lona verde y blanca, yo a su lado. La foto lo muestra con la boca entreabierta, el rost...