La Fe: Decisión, gracia y la bandera que se planta
¿Qué es la Fe? No es un sentimiento tibio que nos invade en mañanas soleadas, ni una certeza matemática que resuelve la ecuación del universo. La Fe es, ante todo, un acto de entrega: el sí rotundo del alma que, sabiéndose herida y finita, se arroja hacia Aquel que la llama. Es el “fiat” de María, el “heme aquí” de Abraham, el “Señor, creo; ayuda mi incredulidad” del un padre angustiado pidiendo ayuda para su hijo endemoniado. En medio de las metástasis que me carcomen el cerebro, de las lesiones que crecen mientras los fármacos intentan contenerlas, la Fe no es la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir caminando aunque la niebla sea espesa y el suelo tiemble. ¿Cuánto de esto es decisión racional y cuánto pura Gracia divina? La pregunta no es ociosa; toca el nervio mismo de la paradoja cristiana. Por un lado, la Fe es razonable. No ciega. Los grandes doctores —Tomás de Aquino, Agustín, Newman— nos recuerdan que la razón puede llegar hasta el umbral: puede demostrar la existencia...