Hermano burro y yo: de rodillas, pero de pie
Esta meditación personal viene a ser el cuarto capitulo del artículo " El cáncer y yo ". Si en algo esta historia los ayuda en el camino de la fe, ¡echen un rezo por mi! Fue hace dos años cuando oí ese gemido ronco, casi humano, que me partió el alma en dos. Caminaba ensimismado, como siempre, perdido en mis ideas y rutinas, fingiendo escuchar a los que me hablaban mientras mantenía esa distancia que sé nociva, pero que una vida entera incrustó en mi esqueleto. Miré hacia atrás y allí estaba él: mi hermano burro , tendido en el polvo del camino, con las grandes orejas caídas y esos ojos enormes, fieles, que me conocen mejor que nadie salvo el Buen Dios. Me miraban con esa lealtad incondicional que no pide medallas ni reconocimiento. Casi se sentiría insultado si se las dieran. En un solo instante, él y yo supimos la verdad: se moría. Que hasta ahí habíamos llegado. Que sin mi compañero de seis décadas, mis sueños de grandeza, mis delirios de algoritmos y mis planes se term...