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Duke Lee: Un final misterioso

La periferia de la TFP estaba compuesta por amigos y simpatizantes, o como se los conoció más tarde, “corresponsales y esclarecedores” que compartian los ideales del grupo pero que por “razones de estado” (familia, trabajo, etc.), no podían o querían dedicar su tiempo completo. En sudáfrica, uno de estos amigos era un tal Duke Lee, un rhodesiano de origen presumiblemente inglés, tío de Lee Mattiuzzo, un jóven que durante años tratamos de captar pero que nunca se terminó enganchando con nosotros. Duke era un tipo unos años mayor que yo (pero no muchos), de mediana o baja estatura, con varios kilos de más por aquel entonces y un temperamento nervioso y carcajada fácil. El poco pelo que le quedaba tendía a ser enrulado, usaba anteojos, y no salía de su casa sin portar un enorme Webley .455, ese revólver inglés de fines del siglo XIX que usa Lawrence de Arabia como fue inmortalizado por Peter O’Toole. Había venido a Sudáfrica después de la desaparición de Rhodesia y el surgimiento...

Tradición Familia Propiedad

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En la TFP nos encantaba la tradición. De los tres “valores imperecederos de la Civilización Cristiana” que supuestamente defendíamos, la tradición era ciertamente el más querido. No se podía pasar mucho tiempo en una sede de la TFP sin darse cuenta que nos sentíamos más cómodos en el pasado. Autodefinidos como “cruzados del siglo XX”, desde la decoración de la casa hasta la ropa que usábamos dejaba claro nuestro desdén por lo moderno, sea en su versión herética condenada por San Pio X (el modernismo) o en su versión diaria que nos agredía a diario con inmoralidad, socialismo, modas, progresismo, pelo largo, relativismo, superficialidad, y tanta otra cosa que andaba suelta por ahí. No nos autoproclamábamos “tradicionalistas” porque había más de uno que así lo hacía, y lejos estábamos nosotros de asociarnos, aunque sea de nombre, con algún “falsa derecha”. Lefevristas, nacionalistas, sede-vacantistas o cualquier otro que integrase (o peor aún, liderase) un movimiento de derecha era p...

White Christmas

Mt. Kisco, Nueva York, diciembre 1978 La primera vez que me subí a un avión de pasajeros – y lo recuerde – fue en Ezeiza, el 23 de Diciembre de 1978. Hacía más de cuatro meses que mis padres y hermanos se habían ido a vivir al Estate de la TFP Americana en el Condado de Westchester, y para decir la verdad – que nunca iba a reconocer a mis inmaduros 15 años – los extrañaba un montón. Por eso empecé a escribirles cartas y a negociar con Tío Cosmín un viaje a Nueva York. Me acuerdo que él, en su afán de que no abandonase mis estudios secundarios, trató de motivarme hablando del viaje como un premio si pasaba mis “exámenes libres” a fin de año, pero yo me di cuenta que iba a terminar yendo a Estados Unidos de todas maneras, y el viaje no sirvió para motivarme, al menos en esa dirección. Así que ahí estaba, sentado en un Boeing 747 de PanAm esperando la hora que se cerrase la puerta y levantáramos vuelo. Me vino a la memoria que años antes, para bochorno de papá que había sido piloto en su ...

En Campaña por el Norte Argentino (I)

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Mayo 1979 En la TFP le decíamos “hacer campaña” a salir a las calles con nuestras vistosas capas y estandartes colorados, a distribuir (generalmente vender) alguna publicación sobre temas de actualidad. Era la manera de contactarse directamente con el público. Cara a cara y sin intermediarios. La presencia de un grupo numeroso de jóvenes en estratégicos lugares de mucha circulación ciertamente llamaba la atención, y fue el método más eficaz de hacernos conocer. Tengo una foto en blanco y negro que me muestra en mi primera “campaña”. Ahí estoy, a los seis años, parado y sonriente al lado de papá en la esquina de Figueroa Alcorta y Pampa, atrás de lo que en aquel entonces era Aguas Sanitarias, después fue Aguas Argentinas y no sé que será ahora... Tengo en mis manos una copia de la revista “Tradición Familia Propiedad” que tocaba el tema del “IDOC y los Grupos Proféticos”, una versión del progresismo de aquellos tiempos sobre los que la TFP tenía muchas objeciones. Claro que ese día no h...

La Bagarre Multicolor

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Fines de los ’60 a fines de los ‘80  Una de las cosas que nos molestaba mucho en la TFP era que alguien cuestionase nuestra catolicidad. Por eso, la palabra “católico” nunca estaba excluida de cualquier breve explicación sobre quienes éramos. “Somos un grupo de laicos católicos anti-comunistas…” era la más usada. Asimismo, era muy común encontrar en los documentos escritos del grupo la frase “sometemos nuestra opinión al magisterio de la Iglesia…” o “nos retractaremos de esta opinión si nos muestran que no corresponde a las enseñanzas de la Iglesia” o frases por el estilo. Estas frases eran especialmente populares después de haber concluido un frondoso libro contra algún obispo, y, que yo sepa, el “magisterio” nunca se pronunció oficialmente contra alguno de nuestros documentos.  Esta fidelidad a las ideas abstracta de “Iglesia”, “Magisterio” o “Papado”, nos daban rienda suelta para criticar a cualquier obispo, cura, Papa o cardenal que en algún punto nos pareciera poco ortod...

¡Praesto Summ! (II)

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San Pablo, octubre 1983 Cuando a principios de octubre de 1983 me tocó volver a San Pablo para lo que eran prácticamente visitas “ad limina” que cada tanto todos los miembros de la TFP hacían para ver y estar un tiempo cerca de Plinio, el fundador, supuse que mi estadía en el Praesto Summ sería más o menos parecida a la anterior, por lo que no estaba demasiado preocupado. Además, sabía que había algunos parientes y amigos míos pasando una temporada también, por lo que supuse que mis semanas o meses en Brasil no resultarían del todo desagradables. La realidad a la que estaba por aterrizar – y no me era desconocida – era una TFP dividida entre los Éremos de San Bento y Praesto Summ y sus seguidores o simpatizantes y un grupo grande de personas, no necesariamente aglutinadas en un sub-grupo o entidad, pero que no compartían ni el estilo de vida para-religioso ni los manierismos y actitudes de los primeros. El líder de los Éremos era Joao Cla, mientras que los segundos, digo una vez má...

El Gran Éxodo: De La Rioja a Tenerife

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Por todo el mundo... 1970 a 1990 Es bueno aclarar que cuando me refiero a la TFP a lo largo de mis recuerdos, me refiero no tanto a la asociación sin fines de lucro con estatutos constituidos legalmente en muchos países – estatutos que ni yo ni 99% de sus miembros leímos – sino al conjunto de personas que formaban parte de lo que se consideraba una gran familia de almas que, inspiradas por Plinio Correa de Oliveira, luchaba lo que definían como la “contra-revolución”. Esta familia no tenía estatutos ni reglas escritas, por lo que era campo fértil de interpretaciones, politiquería, leyendas, desvíos y abusos que siempre podían ser desautorizados si fuera necesario. Como tantas instituciones humanas, la TFP tomaba el crédito de los actos de sus miembros que consideraba útiles, y se lavaba las manos de los que no le gustaban. Ya mencioné antes la creencia, común en la TFP, de la inmortalidad de Plinio. Así como esta, había varias teorías y creencias de lo más interesantes. Una de ellas er...